Gina colgó el teléfono y dijo a los demás en la oficina: estamos jodidos, han suspendido la producción. Tenía enfrente la factura por el total de la tela que recién había llegado de España, y una lista de más de 15 clientes a quien despachar. Su escritorio acumulaba montañas de folletos. En la pizarra de al lado, colgadas dos invitaciones, una a la piñata de su sobrino y otra al té de su mejor amiga, ambas para ese mismo día, y con apenas media hora de diferencia. Quería llorar, gritar, huir. Pero no se atrevía a hacerlo delante de sus trabajadores. Sabía muy bien que si así lo hacía todas sus exigencias en trabajo se irían al piso y solamente exclamó: ¡necesito un milagro! y optó por pedir un café y sacar dos aspirinas de su gaveta.
Una llamada por teléfono la regresó a su realidad. Lo dejó sonar tres veces antes de decidirse a contestar. ¿Qué otra desgracia vendrá ahora? se dijo. Licenciada Batres le busca un señor acá en recepción, ha dicho que es urgente. Gina con tono fuerte pero sin perder el control le contesto que era imposible atender a alguien en ese momento, mucho menos a un desconocido y colgó. Siguió ordenando la torre de papeles en su escritorio como quien juega trocitos y ya no sabe que color le hace falta. Apenas un minuto había pasado cuando su secretaria interrumpe en su oficina y le dice: lo siento pero el señor que la busca en recepción ha insistido, y me ha pedido que le muestre su tarjeta de presentación. Gina cada vez más molesta de tener que resolver un problema más, tomó con arrebato la tarjeta de la mano de su secretaria y leyó:
SEÑOR MILAGROS
SE HACEN MILAGROS A DOMICILIO.
Dirección: cuerpo anticelestial
www. Milagros.com
Gina no sabía que hacer. Pensó que se trataba de una broma, una broma de mal gusto. Estaba a punto de decirle a su secretaria que despachara a este señor, cuando volvió la vista hacia su escritorio, vio la factura, los miles de papeles por resolver, su agenda llena, así que pensó que darse un tiempo oyendo las locuras de su visita, no le caería mal, e indico hacerlo pasar.
Entró un hombre muy bien presentado. Traje celeste, saco, chaleco y corbata. Desprendía cierto calor humano al solo verlo. Algunas canas se entrelazaban en su cabello. Con una sonrisa dibujada en sus labios al estar enfrente a Gina le dijo:
- Hola Gina.
- Pase usted, he… perdón ¿como debo llamarlo?
- Llámeme simplemente SEÑOR MILAGROS.
- Sabe, pensándolo bien, creo que esto es mala idea, será mejor que se marche. Solamente dígame antes quien de mis amigos o enemigos lo ha enviado.
- Nadie me ha enviado Gina. Tú solicitaste un milagro, yo andaba por acá cerca, oí tu petición y pase a ayudarte. Mientras miraba alrededor, continuó: uhmm muchas cosas por hacer, es una pena que ese pedido de España ya este en bodega y tú aún no tengas el dinero para cancelarlo. Además cumplir con todos los pedidos, y aun así no fallarle a tu familia y a tu amiga Celia, es como para clamar por ayuda.
Gina más que sorprenderse se asusto. Si se trataba de una broma, ya no le estaba gustando, y si esto era producto de algún acto de delincuencia le produjo un poco de miedo.
- Verás Gina, puedo ayudarte. De hecho en este momento estamos dando hasta dos milagros por el precio de uno. Hemos notado la cantidad de pedidos y no queremos caer de aprovechados, así que tratamos de ser compresivos sobre todo con los potenciales clientes como tu. La competencia en este momento esta mas ocupada en afianzar que en ganar nuevas almas. Se los hemos venido diciendo desde hace años, pero ahí tienes, guerras, avaricia, mentiras, codicia, ellos mismos ya no saben ni como pararlo. Perdón yo hablándote de problemas con los que tu ya tienes. Que locura la mía.
- Pero, entonces si usted hace milagros como dice, ¿es usted un ángel?
- No. No mi niña, yo represento a su competencia.
- Perdón, pero ahora si que ya no entiendo nada de nada.
- No te preocupes, es suficiente con que sepas que estoy aquí para ayudarte.
- Pero si yo clame por un milagro, y los milagros los hace Dios.
- Te equivocas, nosotros también los hacemos, lo que pasa es que al principio los llamábamos “favores”, porque compra almas no nos dio resultado, de hecho nos cerró más de alguna puerta. Ahora hemos optamos por llamarlos milagros, total las personas necesitan creer en algo, aferrarse a una idea, así que nosotros damos lo que la gente anda buscando.
- Y, ¿cómo funciona esto? Si yo no creo en ustedes.
- Pues he de refrescar tu memoria, ya que de Dios tampoco te recuerdas mucho. Así que moralmente no estas faltando a nada. Mira esto funciona así: yo resuelvo todos tus problemas, y tú me das 15 años de tu vida.
- ¿Así de simple funciona ésto señor milagros? Y, ¿qué ganan ustedes?
- Años. Ganamos años, mi querida Gina y por supuesto nuestro ranking en popularidad sube. Bueno, pero que me dices.
- Humm me parece que 15 años son muchos. Gina lo decía, porque como buena negociadora pretendía llegar a un acuerdo. Así que le dijo: ¿qué le parecen 8 años?
- No se, pides muchas cosas a la vez. Tomaré solo 12 años.
- Que sean diez. Pero necesito que soluciones todo por completo.
- Está bien dijo el señor milagros. Me quedo con diez años de tu vida. Le dio la mano, y Gina sintió una pequeña corriente que se transmitía desde la yema de sus dedos hasta el hombro.
El señor milagros abandonó la oficina. Gina pensó: vaya que bromas las de ahora, olvide preguntarle de nuevo quien lo envió. Estaba de vuelta en su papeleo cuando suena de nuevo el teléfono. Licenciada, usted no va a creer lo que acaba de pasar. El préstamo ha sido aceptado, y el pedido liberado. Empezare a llamar a los clientes para los pedidos. Además ha llamado su hermana avisando que se canceló la piñata de su sobrino, y que ella luego se comunica con usted. Gina se dirigió al baño, respiro profundamente como sintiendo un gran alivio, y ya frente al espejo al contemplarse con mas arrugas, no supo si reír o llorar y empezar a peinar sus nuevas canas.